jueves, marzo 26, 2015

Pedro Reyes sí era un mago y no el mierda de Harry Potter

Desde pequeñito, desde muy pequeñito, quería dedicarme al humor, esto puede parecer raro, pero conociéndome lo raro no es eso, lo raro es que mis primeras palabras fueran: "Mamá y papá" y no: "Esto es una señora que tenía un perro que se llamaba "Miss tetas", esto explica que Pedro Reyes fuera uno de mis referentes ya en esa época en la que mi mayor preocupación era que el bocata del recreo fuera de jamón serrano y no de chopped pork (os puede parecer una tontería de preocupación, pero no lo sería tanto cuando no era al único al que le preocupaba, al hijo puta que me lo robaba también le preocupaba un montón...)

Sí, lo habéis adivinado, lo del hijo puta era broma, nadie le querría quitar el bocadillo a alguien que lo lleva de chopped pork... pero lo que es totalmente real es que a Pedro Reyes le recuerdo como uno de los primeros cómicos que me fascinaron, sus historias surrealistas me flipaban, la de la vaca, la del globo... conectaban conmigo, un niño que cuando mandaban hacer redacciones en el cole escribía historias de risa que contaban como unos yogures pretendían dominar el mundo, sé que escribir algo así en el colegio puede parecer una locura, pero la culpa no era mía, la culpa era del gobierno por permitir que se vendieran chicles con droga en la calcomanía.
 
El tiempo pasó, me salió el bigotillo, pelos en ciertas zonas, y mi juvenil voz dejó paso a mi seductora y sensual voz adulta, pero a pesar de estar en plena edad del pavo, cada vez que salía Pedro Reyes en la tele seguía siendo una alegría, y aunque los años fueron pasando, y fui cambiando de amistades, de bares, de mudas.... sobre todo de mudas, que uno es muy limpio, esa alegría al verle nunca cambió.

Y si verle en la tele era una alegría, verle en directo fue una fiesta qué fantástica fantástica fantástica esta fiesta, una hora de risas, una hora repleta de surrealismo y magia, porque Pedro Reyes tenía esa magia que solo tienen unos elegidos, esa que les permite ser graciosos hasta leyendo las instrucciones de una taladradora sin necesidad de hacer chistes de "Nena, ¿quieres probar mi Black and Decker?", cualquier cosa que saliera de su boca tenía gracia, salvo los gapos, que en vez de gracia tenían microorganismos.  
Gracias a su magia sería absurdo analizar un guión de Pedro Reyes de manera fría, primero: porque lo más probable es que no le encuentres ningún sentido, y segundo: porque pillarás un resfriado como no vayas bien abrigado.

No le conocí en persona, no sé si era majete o un borde, si olía a rosas o a sobaquina, pero lo que sé es que siempre le estaré agradecido por haberme hecho feliz, sin su presencia esta cosa tan absurda como su humor llamada vida será un poco peor, hasta siempre Pedro Reyes.